Niña de cabellos negros, de contextura delgada, con una sonrisa tierna y distinguida. Dinero no le faltó, cariño tampoco. Mañosa y con muchos proyectos. Siempre tenia que esforzarse para mantenerse en la realidad. No paraba de soñar, soñar su futuro, casa, marido e hijos. Envidiada por su felicidad, pasaba por cada etapa como correponde,infancia con padres, . Muy independiente, tal vez. Demasiado, siempre por su cuenta conseguía poder hacer todo lo que debía. nadie le ayudaba para el colegio, ni tampoco le pedía, o nadie le respondía, inventaba respuestas . Me llamaba, y sin saber lo que hacía, iba y jugaba con ella. Me tomaba de la mano, me llevaba al lugar más frio y tenebroso que pudiese encontrar. Pero siempre había alguien del otro lado, que tiraba para que yo pueda volver al mismo lugar. Y así fui mantenida en el limite de estos dos rumbos.
Me arañaba, me lastimaba, me hacia sufrir. Pero esa niña inocente, intentaba autoconvencerse de lo maravilloso que era. Se preguntaba ¿Por qué los demás no dejan que se los hagan?
Fue destruida, por aquello que le hacía tan mal, le sacaba los pelos, uno por uno, le arrancaba las uñas, les dibujaba una franja oscura por debajo de los ojos. Hacia que el mundo entero, esté en su contra, les quitaba a sus amigos, a su familia, todo lo que habia reconstruido toda su vida.
Cada vez que se acercaba a ella, la contaminaba con un frio intenso, que no se podía dejar de sentir. Leves mareos, inconciencias y desmayos, la hacia sufrir. Que amiga le haría eso? Si es que se le pueda llamar amiga. Ella, era celosa, quería que sea su única súbdita. Y cuando se habla de única, ni si quiera quería que yo misma seamos amigas. Me hacía distorcionar
la vista, creerme que soy
demasiado para llegar a quererme. Demasiado (grande, obesa, fea, gorda, estúpida, inservible).
Unos retoquecitos más y ya estaríamos en el fin del proceso. Faltaban los ojos penetrantes, circumbados de tristeza, incoherencia mental, y un cuerpito tílico y lánguido. La gota que revalso el vaso, ella me tomó de la mano sin que pudiece decidir, pero del otro lado, ya no quedaba nadie. Nadie que tome de mi mano y me pueda agarrar para que no me lleven.
Si, exactamente ella, jugabas con La Muerte, te reias de ella hasta que finalmente, se rió de ti
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